23 de mayo de 2012

De conejos y con eso.


Enfrente de mí hay muchos conejos que comen manzanas con chilito. He saludado a uno y se ha asustado; ha sonreído un poco pero, al final se ha ido. Supongo que ya no tengo suerte con los niños. 

Sé que he estado lejos. 

Sigo viendo a los conejos: no se acercan. Les he sonreído cual maga y no ha surtido efecto. 

Veo un destello. 

... Hace unos días conocí a un hechicero. Sé que el cazador me está esperando pero, esto es sinsentido. Se llama Sfdsjkf*. Quería cambiarle el nombre para esta carta pero no pude hacerlo: estoy segura que parte de su cualidad hechicerial reside en su nombre. Nunca había conocido a alguien con un nombre más bonito que el mío; más encantador. 
Pero ahora casi se ha ido. Es decir: a veces está pero, ya no está (estoy consciente que estoy explicando esto como coneja pero, así me siento: como una niña). 

A Sfdsjkf lo conocí en un poema. De veras. No voy a explicarlo. Pero sí agregaré que no he entendido nada de él. Del poema, quiero decir. Aunque tampoco de Sfdsjkf. Ya sabes lo mala que soy con la poesía: parece que siempre me pierdo en sus versos. 

Sfdsjkf se fue porque -me explicó- él no sabía cazar. De eso, yo entendí que Sfdsjkf no existe y la métrica no me va a hacer el favor. Pero es que sus versos... esos versos, te digo... 

Acá hace mucho ruido y no puedo continuar. Me he metido al río -insoportable este calor que abruma uma uma- y dudo que llegues a leer esta carta. 

A nadar, me grito, a nadar, a nadar, a nada rr.


*Es una pena que he tenido que cambiar el nombre de Sfdsjkf porque Sfdsjkf puede aparecer entre los conejos y sfdsjkf.

4 de mayo de 2012

"De lo que le dije al narrador", dice la bruja; o de lo que, ultramarina, carece de valor.


Lo abandoné todo por venir a escucharte, aunque nada de lo que dijeras hablara de mí. 

¿Por qué hice eso? Es como si el encanto de encontrarte me hiciera obligarme a no evitar todas las posibles confluencias aunque lejos estén de experimentarse a viva piel: pero, así las siento. Como si, con lo que tienes anidado en tu cerebro, pudieras quebrantar los límites que otros ni siquiera alcanzan a ver; como si a ti te diera la llave para cruzar las puertas -que en otros son invisibles-, escondidas a mitad de cada muro que he pasado mi vida intentando construir con el fin de abandonar; de alejarme, de mantenerlos a todos apartados de mí.



Pero es que tú...

29 de febrero de 2012

De cómo la bruja perdió al tiempo; o bien, de cómo el tiempo se acabó, se embolsó maletas y nos-vemos lente-puesto-allá-te-espero-cerca-del-sol.

‎Me lo quitaron; le perdí la atención suficiente como para conservarlo bien cerquita: se nos acabó el contador de segundos, cazador. La bruja ya no puede dedicarte más versos, más textos, más besos, más tiempo.

29 de enero de 2012

De la bruja que esperaba, el día venidero y el cazador, que llegó en Enero.

No sé si fue a propósito pero esperé. Te esperé. Esperé una, dos, quince, más semanas te esperé. 

Del cazador supe el origen de sus lunares, la forma de sus pecas y su única pero repugnante verruga entre el cabello. Le supe la risa incorruptible y, con todo y eso, preferí quedarme con su sonrisa: la que tenía cuando me veía y yo me hacía la que no sabía. Del cazador supe hasta lo que comía en las madrugadas; la carcajada, el ojo, la pupila, la cabeza, la mejilla... le supe todo. Le analicé todas las cicatrices para reconocer sus emociones: cuánta fuerza. No estaba lastimado, eso lo sé. Las cicatrices eran cosa natural, "cosa de hombres", me lo imaginaba decir. Dejé las muñecas. Dejé hasta las letras porque mantenía mis manos ocupadas con caricias y la boca bien entretenida con puro beso y mordida. Qué afortunada era, fue, es la malnacida.

Pero, no sólo porque estaba perdida estuve también condicionada a ser confundida con una princesa: no me jodan tan duro. Es cierto que estoy lejos y esto no se entiende pero denme la botella... digo, denme chance que es de noche, está la luna llena y ésta... ésta va por ella.

La mayoría de las personas comienzan sus cartas escribiendo: "Recuerdo la primera vez que te vi..." pero, inmoralmente, ambos sabemos que lo que yo recupero de esa noche son vagos e irrisorios recuerdos que, si no es para reírse, mejor no contarlos. Sin embargo, me acuerdo de ti. Sé que resulta evidente ahora pero, antes no lo era.
Todo ese viaje, después de conocerte, la pasé como mariposa, pajarito, abeja (zorra, víbora, perra en celo): de flor en flor. ¿Qué esperabas? Estaba en una selva, muy lejos del bosque. Y es que no lo voy a negar ahora porque de nada me sirve mentirte: pasé el viaje entero conociendo a montones de hombres que mostraban algo, algo que siempre quise tener para mí, aunque fuera sólo por un rato. Pero luego llegó la torre: camino de vuelta te encontré en la torre; a ti y a tu frialdad, a tu represión de sentimientos y hasta a tu incongruencia en el acto. ¿Qué demonios hacías entonces, siguiendo a la bruja que tan sólo te quería para pasar una noche sin leer, sin escribir; nomás por vivir? (Y ahora vienes a abrazarme mientras escribo encima de una piedra junto a la presa de agua clara y bebo el brebaje óptimo para mantenerme en pie, me sonríes y te largas muy seguro porque sabes que vas a volver... y me lo repito:) Creo que nunca lo sabrás. O nunca lo sabré. Pero quizá es mejor si jamás lo averiguamos. 

Y, cazador, yo no sé qué va a pasar. Ni siquiera quiero averiguarlo. Sin embargo, le temo mucho a mis sospechas que vienen de una agnóstica empedernida (y, con todo, te veo y no lo creo); le temo a mi temperamento y me anido las entrañas; me carcomo las risotadas; alimento mis vacíos con cada detalle que me entregas. Todo, para prometerme ser buena contigo. Le temo a mi condición de bruja; me aterra el contemplarte en un futuro aquí, en mi mundo en el cual todo había tenido fecha de caducidad, hasta que te conocí. 

Me voy a cazar contigo. Me voy a cazar con el cazador. 

6 de enero de 2012

Puajj.

Lo bueno de los recuerdos es que te hacen aferrarte a las personas que quieres de verdad, a pesar de lo que ocurra. Lo malo de ellos, es que te hacen aferrarte a las personas que ya no quieres querer -¡de verdad!-, a pesar de lo ocurrido.

30 de diciembre de 2011

Y que vivas tú.

Cuando no sueño contigo, sueño con una revolución. Curiosamente, al despertar de esos sueños siempre pienso primero en ti. Debe ser, supongo, porque estoy segura de que con tu ayuda podría hacer cualquiera de esos sueños realidad. Pero, ¿y si te enteraras y no quisieras ayudarme? Temo la asfixia repentina en este incontrolable suspirar.

¡Sssh!

Tengo que aprender a callarme en los momentos incómodos: una y otra vez, por no convertirlos en silencios incómodos, digo una cosa estúpida que sólo hace de lo incómodo el sufijo del mismo en grado superlativo por derivación.

Cartas al paroxista con sintaxis de albañil.

"-¿Que qué busco en la literatura? No sé. Nunca me lo había preguntado con tantas ganas de responder algo delicioso, fundamentado y sincero. Lo único que puedo responder así, es que creo que es la literatura la que siempre me ha buscado a mí, por eso no la suelto. Se ha apoderado de mi forma de vida, desde allá para los nueve años con más fuerza. Me ha pedido que me adhiera a ella, y me ha dado la posibilidad de todo con ella: desde sueños realizados hasta emociones entendidas. Desde formas de comunicar mi dolor hasta maneras de explicar mi angustia. Repito, la que mueve. La que no quietiza. Me mueve pues, mi literatura. La literatura. Me seduce. Me invita. Me dice, me deja decir. Quién sabe.  


¿Es obligatorio que lo sepa, a estas alturas?

-Sólo que la sientas."

De los cuentos de brhadas.

Las brujas son cosas de niños. Pero ya no hay bruja que valga; no hay niño que atienda.

Del ojeo que cae del roble.

Nunca sé; no me doy cuenta de cuánto lastimo a las personas hasta que están lo suficientemente lejos de mí como para que no pueda siquiera disculparme ni que, a través de la ecolalia, el perdón penetre y desvanezca lo zaherido; recuperarlas.

De cómo, cuándo, dónde, ¿por... ¡¿Qué?!

No he leído suficientes libros: lo más grande, todavía no lo puedo escribir. No he vivido suficiente: lo más grande, todavía no lo he sabido vivir. 

Estuve buscándote en todos los ojos que veía. No para encontrarte y poseerte, eso ya no tiene validez; sino para enfrentarte y deshacerme de ti. Suponía que, con una mirada más, podría deshacerme de ti. Pero no te veo en otros ojos. Ya no puedo observar otros ojos. Me agota contemplarlos porque reconozco la vida que se hunde allá dentro. Sé que no tengo la fuerza para sumergirme en otros ojos. Quiero tus ojos. Quiero sumergirme en la vida que se hunde dentro de ellos. Quiero contemplar tus ojos aunque me agote en el proceso. (¿Proceso? ¿De veras acabo de decir "proceso"? "El trámite", de una vez. Estoy arruinándote esto. Seguro ya te había enganchado. Seguro ya te tenía prendido a mis palabras y estabas a punto de buscar mi mirada y... bueno, lo he arruinado de nuevo. Por lo menos podemos admitir que tus conocidos no se equivocaban cuando te dijeron que se notaba mi talento. Mi talento para el autosabotaje. Tonta, tonta, ya estás desvariando. Variando. Variedad. No, variedad no: los tuyos, nomás.) Quiero caerme en ese vacío. Quiero hundirme en cualsea la profundidad... ay, no. No quiero nada. Cierra los ojos. No me veas. No me mires. No me observes. No te acerques. Que te alejes. Era de esperarse: uno de los dos tenía que llorar.

9 de diciembre de 2011

De las noches que recuerdo, en la ciudad de la perdición.

No digo que no lo hice. Sí lo hice, y no me avergüenzo. La cosa es que nadie quiere aceptar; nadie quiere ver ("generaliza, burra") que también este hedonismo y esta perdición; esta serie de 'errores' tienen su belleza (para mi gusto, descomunal). 
La marihuana que me fumé en las escaleras del callejón a tres cuadras de mi departamento; los tipos que me besuqueé (que tampoco fueron tantos) y a los que dejé ir más allá del babeo bucal. 
Mis padres no querrían oírlo, la iglesia querría castigarlo y la sociedad querría juzgarlo -no sin antes, buen rato, murmurarlo-. Por eso, a todos ellos no se los cuento. Y, también por eso, les adjudico el mal que les produzca leer esto, si algún día lo hacen, porque este texto no está hecho para ser prejuzgado a partir de ideologías moralistas u ortodoxas. Que todo aquél que, a partir de este texto, decida venir a mí y darme un sermón acerca de la buena vida y el peso de mis equivocaciones, se dé por el culo. Que se calle porque ya le he dado suficiente de mi tiempo con esta media cuartilla donde lo mando a cortarse los cojones de una buena. 
Total, pues, la marihuana venía de un negro-cholo con acento francés que se paraba en una esquina de algún otro callejón y te ofrecía una bolsilla poca-cosa por veinte grandes. La verdad, juro -que me imagino- que ni siendo adicta hubiera pagado por ella. Pero, junto a mí, había dos... no me acuerdo de dónde eran pero parecían árabes: ellos pagaron. Lo tedioso es que, a cambio, era evidente que esperaban algo. Qué hastío; qué pereza más grande saber que todo tiene un precio y, siendo mujer, muy probablemente se cobra a través de tu cuerpo. Pero me hice mensa. Le di un choro extensísimo al que pensaba cobrarme con lengüetazo y todo; le expliqué algo idiota como que los sueños de superarse eran para todos y que, si soñaba por la noche y despertaba decidido, el mundo podía pertenecerle. Una pendejada así. A veces me sorprende lo fácil que la gente se traga las palabras cuando están acomodadas adecuadamente. Tampoco creo que mis palabras estuvieran muy bien acomodadas porque ya para entonces se me había secado la boca y balbuceaba de repente pero, qué más da: entre idiotas es más fácil. Lo simpático (ahora simpático, antes insoportable) es que después ya no pude quitármelo de encima de lo embelesado que quedó. Hubiera aguantado un rato más a su lado si no hubiera tenido un aliento tan deplorable (ácido) y, para colmo, dos axilas que emanaban su ascendencia rusa (¿no que era árabe?).  
Me levanté de la arena (no sé cómo llegué a la playa) y le dije que tenía que irme a mi hotel. Evidentemente no le iba a decir que vivía en un departamento porque he notado que la gente confía más en irrumpir en sitios que semejan propiedad a sitios donde uno está de pasada. A mí me ocurre al revés -pero yo soy todo un caso, diría mi madre-. Debe ser un asunto de identidad, supongo... o de descaro.
Total que insistió en acompañarme y ya no hallaba cómo deshacerme de él; de su aliento de vómito, sus fétidas axilas y su amigo-rata (juro que parecía una) que creía que, si se quitaba la playera, las lonjas que se marcaban en su ropa iban a desaparecer (asco, asco, asco); me había olvidado de su amigo por lo mareada que estaba, creo, después de la mezcla de alcohol, redbull, marihuana y sudor ruso. Pero, sobre todo, del sudor ruso. 
Me paré frente a la puerta de un hotel y les dije a ambos: "Here. Here's my hotel. Thank you so much... now go. Go, go, leave me. I'm fine, goodnight." Pero los cabrones no se iban: querían verme entrar al hotel. Me desesperó su necedad y decidí empujar la puerta del hotel. Total, pensé, si entro al lobby y luego me salgo, a nadie le va a importar. Empujé la puerta de cristal con mucha fuerza (se veía pesada) y no conseguí más que golpearme la frente y el codo (sí, la frente y el codo... estaba bajo el efecto de terribles sustancias -juro que era el sudor ruso, dicen que es mortal-) y empecé a reír sin parar: ¿qué carajos estaba haciendo? La cosa es que yo me río como bruja de película de Disney (haz de cuenta una Maléfica), e hice a uno de los recepcionistas del hotel reaccionar. El tío éste avanzaba hacia la puerta, los árabes me veían desconcertados y yo no paraba de carcajear. Me dije: "Piensa rápido"... y eché a correr. Corrí como una loca desquiciada (mi tipo de corrida favorita) hasta que llegué a un sitio desolado y me espanté -por la ausencia de presencia- y caminé de vuelta al mar. Ya ahí, me dije: "Qué mensa estás, caray. Pero, bueno, qué importa: no lo vas a volver a ver."


La noche siguiente me lo volví a encontrar.

28 de noviembre de 2011

De la bruja y lo que dice (aunque se queje o se emberrinche).

"Para cuando volvió, ya era demasiado tarde. En realidad siempre llegábamos demasiado tarde el uno al otro. Es curioso: no habíamos parado de querernos a pesar de los tantos despidos, de los múltiples desatinos y, aún con eso, siempre llegábamos demasiado tarde: yo le pedía retroceder dos escalones y él me miraba con desdén y continuaba; él me llamaba desde lejos y yo lo retaba. Él me invitaba a volver y yo lo esperaba. Él se arrepentía y yo me quedaba sola; me enrabiaba sola; me indignaba. Y, así, esto era una repulsiva maraña. 
Pero, ya a estas alturas, no tiene sentido que se cuente el final: es trágico. Saberlo sólo causaría una carcajada memorial y, honestamente, si a ésas vamos, prefiero contarle esta historia que escuché sobre alguien más."

Clín, clín: los ojitos (o "De lo que la bruja..." ay, bruja, no me hagas estas muecas).

‎"-No me gusta, es desgastante.
-Pero, yo creía que ser observador era una cualidad.
-Lo era.
-¿Entonces?
-Entonces te das cuenta que, cuando ves tanto eso que el resto parece no ver, sientes que vives en una mentira; piensas que ves algo que no es: como si vieras microbios, moléculas... yo qué sé, en todo lo que los demás ven como 'cosas normales'. 
-Qué horror.
-Sí, justamente. Por eso tiendo a cansarme de la gente: porque no sólo la veo, sino que la observo. Observar, aunque te da la oportunidad de conocer a las personas más rápido, también te hace decepcionarte de ellas con la misma rapidez.
-¿Y en mí? ¿Qué observas en mí?
-Ésa es la cosa, ¿sabes? Porque no veo nada. O, bueno, veo nada. Entonces, ni me fascinas, ni siento que te conozco, ni logras decepcionarme. Tú nada. Pero, aquí estoy: veo tus ojos y trato de mirar a través de ellos y, justo cuando creo cruzar la línea en la que no sólo se ve, sino que se observa, parpadeas."

De lo que aprendí en mis clases de Mentira Avanzada (¿reprobé?).

A veces me hace sentir tan tonta que siempre pienso cosas bien padres (mundos posibles) y me imagino idioteces (alternativas de realidad) pero, al final, termino decepcionándome (retorno a lo impuesto como creable y verídico) porque las cosas no siempre son como yo las quiero (truncamiento de sueños debido a las circunstancias que modifican las decisiones personales por imposiciones del entorno).

22 de noviembre de 2011

Filosotura: del amor a la ficción.

‎"-La constancia mueve montañas (y la fé).
-"Fe" no lleva acento. Y no digas mamadas. 
-Bueno, fe.
-Yo no estoy buscando mover montañas: sólo quiero atravesarlas; o bien, quiero llegar hasta lo más arriba de ellas y luego deslizarme desde una resbaladilla. 
-Pues, la constancia te ayudará.
-Pero las montañas no tienen resbaladillas, le tengo miedo a las alturas y cruzar una montaña requiere mucho tiempo, esfuerzo y frío. 
-Lleva comida, el camino más corto al corazón de un hombre es por el estomago.
-Pero, lo que tú puedas tener ahí dentro no tiene nada qué ver con esa idea.
-¿Crees que no tengo corazón (sentimientos)?
-Pues, no sé pero, a los tuyos no se llega a través del estómago. 
-Te quedaste a medio camino.
-Pero, es que tú creías que yo actuaba como una niña cuando te pedía que le construyeras a tu montaña una resbaladilla; estás demasiado alto y cruzar tu montaña requiere de un tiempo y un esfuerzo del que yo ya no dispongo. Además, con este puto frío que se viene, apenas y puedo levantarme de la cama. Y tú quieres que cruce tu montaña helada... En qué cuento de hadas acabaremos metiendo esta historia, eso es lo único que me pregunto..."

Y gira en espiral, al, al...

Es tan intrigante darme cuenta de cómo, entre más desarrollo mi pensamiento, más inmersa me siento en este hoyo negro del que a veces creo que nunca podré salir. Pero, me atemoriza tanto intentarlo y fracasar en el intento; fracasar en la intención de abandonar lo que otros podrían apreciar si lo leyeran en un personaje de alguna novela pero, la realidad es que nadie quiere ser ese personaje fuera de la ficción: que alguien entre al hoyo negro o me apunte el número del psiquiatra en una servilleta. Que la deje en el comedor.

Pesadilla, letras: se quedó roncando en la silla.

"He dejado de leer. Repentinamente, lo he dejado. Pero, no me juzguen, les juro que puedo excusarme. Verán: al principio fueron los ojos pero, después de los ojos, poco a poco, me dolieron los pensamientos; me dolió el choque ficción-realidad: comencé a confundirlos. Me dolía la mentira que quería como verdad, y la verdad que sugería como mentira. Me irritaba reconocer que había olvidado el camino de regreso; que quizá jamás lo recordaría. Me dolían los sueños. Los sueños y los ojos. Me dolían y todavía me duelen mucho los ojos. Pero, más los sueños."

15 de noviembre de 2011

‎(Y a mi irremediable uso indiscriminado del gerundio, a ver dónde lo voy a guardar.)

Estás, tú también, dentro del baúl: ese que guarda los sentimientos que nunca entendí, las sensaciones perversas que ignoré y las palabras que fingí conocer, asintiendo con la cabeza -en vano-. Al lado de las mentiras que nunca me descubrieron y los besos que todavía saboreo, y luego me siento tonta y agito la cabeza para no perder la cordura en ellos. 
Ahí estás, alrededor de lo que, por más incómoda que me pueda llegar a hacer sentir, no me atrevo a olvidar.

23 de octubre de 2011

De allá.

‎No, no, no. No es lo mismo -dijo la bruja, exasperada-; con ellas, las otras -las mujeres-, los hombres han vivido de tal manera que ya no saben amar. Conmigo, han sido orillados a no querer volver a hacerlo. 

13 de octubre de 2011

De cuando la bruja se pone pedante (ha de ser por tanto alcohol).

Ninguno de ellos sabe. Ninguno sabe en realidad. Voy corriendo, ya van cinco kilómetros, y me salen las carcajadas de repente, no las puedo controlar. Me quejo, reniego, exijo y hasta me victimizo: no me importan; son valiosos, pero ninguno de ellos sabe. Todo queda en mis manos porque yo soy la única que conoce la historia: ¿triste? Para nada: tan sólo es un acto solitario. La mayoría de los placeres elaborados que obtengo, los consigo en soledad. Si hay algún otro individuo a mi alrededor, el placer sólo se trunca, no se enaltece ni mejora su forma. La compañía representa un fracaso, si se trata de la búsqueda de un placer intelectual. 
Aunque, bueno, hay que darles su reconocimiento -a los chiquitos; las hormigas, los niños que nunca van a madurar: han sido útiles como modelos para armar. Con tenerlos ahí parados, con verlos esforzarse tanto nomás por sobrevivir, cuando les sobran maneras para vivir. Ahí sentados, esperando lo que no va a llegar y ya tendrían que estar buscando. Se les reconoce su destello; esa diferencia tan esencial que hace que, los de acá, los elijamos. Pero nunca van a cambiar; ninguno de ellos despertará un día de ese trance; ese adormecimiento voluntario. Ninguno de ellos alcanza o huye; no corren. Ninguno entiende, por más que pose un esfuerzo; un anhelo, galletas con leche y cierra la puerta al salir. Ninguno de ellos sabe. 

12 de octubre de 2011

From what I've learned.

If you want to, you can kiss an asshole. You can date, play or even hang out with one. You can hug him, enjoy him and stick around him for a while. But don't be such an asshole and fall for the asshole: it's not worth it. He's just an asshole. 

Dualidad, dicotomía... será, más bien, hipocresía.

Ojalá y sí te hubiera visto cuando 'todavía'. Ojalá y un chorro de cosas pero, siempre es así, ¿no? Uno le pide todo al pinche Alá y no sale de la misa cristiana.

Quién sabe de qué.

La ausencia de los perdones desintegra los mejores y más grandes amores. 

"¿Y éste quién es?", o "De lo que la bruja todavía no quiere perder."

Te idealizas y te tiras al suelo; te personificas y luego vuelves a calidad de individuo; te transformas y luego te simplificas; eres y luego mejor no quieres; te llenas de orgullo, carácter y decisión y luego caes de nuevo en la cobardía. No esperaba más, tratándose de mí pero, no sé, creo que esperaba más porque se trataba de ti.

5 de octubre de 2011

No es de brujas, pero yo...

Lo siento si hablo demasiado. No sé, creo que es totalmente impulsivo. Es que, ¿sabes?, hablo así cuando creo que me entienden; cuando tengo la sensación de que en verdad me escuchan. Hablo mucho para aprovechar el momento; discúlpame si te estoy cansando... sé que hablo mucho, pero es que pasa poco...

2 de octubre de 2011

De las carencias que nadie notificó.

En momentos como estos, sólo quisiera que estuvieras acá para calmarme y hacer que me olvide del mundo entero -del leído, inclusive- y es que, quizá ello, podría por fin recordarme de ese otro que tengo abandonado, enclaustrado, acallado y vetado-; que me inspira a escribir.














Y, cada vez que le hago el amor a tu recuerdo, me cuesta más llegar... 

16 de septiembre de 2011

Desde la cúspide, y el sombrero en pico que el viento se pudo llevar.

Me acabo de acordar: hubo algunos días en que estuve muy suicida. Verás: reflexionaba muy poco en voz alta. La mayoría de los humanos a mi alrededor hablaban un inglés -algunos muy bueno, algunos muy malo- y un francés que tendían a aburrirme; la mayoría de las reflexiones que me pasaban por la cabeza me cruzaban por la mente cuando dormía y las recordaba tan sólo al despertar, un par de minutos pues, después tenía que volver a realidad y hacer lo que tocaba ese día. Pero recuerdo días suicidas. O, dale, no suicidas pero días donde, según yo, predecía mi muerte: sabía que moriría pronto. Me imaginaba de las muchas maneras en las que podía morir. Es extraño que, viviendo de una manera tan desinteresada allá, pensara tanto en la muerte. Supongo que tampoco es incongruente pues, ahora que lo pienso, tiene sentido: cuando se vive al máximo (la vida verdaderamente hasta la más máxima expresión que conoces), cuando no se duerme por vivir y por aprovechar cada minuto, cada segundo que se tiene porque el período de ese máximo está por terminar; porque ves que estás descendiendo de lo más alto de la montaña rusa a la que lograste trepar... creo que piensas en la muerte. En la posibilidad de que todo acabara. Quizá era tan feliz que pude considerar la muerte como un pensamiento más; otra posibilidad de la vida... eso: la muerte como otra posibilidad de la vida. 

14 de septiembre de 2011

Del hogar de la bruja, cuando ya nada era lo de antes.

"-Yo no sé por qué no te quedaste a esperarme.
-Sí me quedé. Me quedé a esperarte en el mismo lugar donde nos conocimos.

-¡Bah! Qué locura. ¿Un solo lugar? Pero si ahí está el error.
-No te entiendo nada.
-Tú no me conociste en un solo lugar, tarugo. Me conociste en todas partes. 
-Por eso; si ahí fue donde te esperé, Bruja: en todas partes. ¿Dónde estuviste, entonces, mientras yo te esperaba?
-¿Dónde más? En ninguna parte."




















Y me arranqué los ojos de la nuca, pues, si había algo que me gustaba hacer con ellos, era pasarla viendo lo que quedaba de nosotros.

De con cejas y esperanzas.

"Y mi abuela me recriminaba: '¡Ay, mi'ja, pero si te quiere de veras! Yo con tu abuelo duré... yo con tu abuelo duré diez años, diez años yendo y viniendo; diez años separados. Pero, estábamos tan enamorados...'

Y yo me justificaba: 'Pero abuela, es que no es lo mismo. Yo quiero sentir su risa: que el calor de su ira, sus celos y el frío de sus miedos se transmita a través de sus ojos y llegue a mis sentidos. Yo quiero un amor vivo, abuela, si es que voy a soltar las riendas por un amor. Yo lo quiero sentir a él. Yo lo quiero ver; lo quiero amar en vivo."
Te pienso, -ya es luego y no existes-, ¿por qué no existes?

3 de septiembre de 2011

De rumores y primores.

Que si la bruja no estaba, que si a la bruja se la habían llevado en alma; que si nomás no habían retenido su cuerpo porque para tanto no tenían, porque la circunstancia les había ganado en la batalla. Que si se había escondido y ahora la portada del libro había desaparecido. 
Se habían quedado con un libro que contaba una historia inconclusa, de título desconocido. 


"Estamos tan lejos siempre...", decía.

27 de agosto de 2011

Del día que, del uno al seis, la bruja los pudo todos poner en su lugar.

Cuando niña, la bruja soñó: subía escaleras camino a la Luna. De pie, hincada. Era una muñeca de trapo que tomaba la escalera que colgaba, cual polea, de dos lados de la Luna para que no se viera la ausencia de una agarradera. Subía y no tenía cabello; ojos de botón tan negros como el cielo hubiera estado si no es por las estrellas que lo socorrían. Las escaleras eran de tela, ¿de soga?, de algo que no parecía muy resistente -y, sin embargo, era-. Los pies de la niña, ¿la bruja?, se sostenían como sólo ella sabrá pues, sus pies eran también de tela: no había deditos más que pintados, y por eso todos iban para el mismo lado. La niña trepaba poquito a poquito: a veces sentía que tenía el poder de brincar de una escalera a la otra, pues colgaban en paralelo pero bien cerquita; a veces se aferraba o respiraba un rato para no perder el equilibrio.

¡Guaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¡Ahí va! Arriba las manos, que no se va a caer. Para todas partes vuela la niña, ya está tan lejos del suelo; tan cerca de la Luna va. ¡Guaaaaaaaaaaa! ¡Esto sí es soñar
 volar!

La bruja tuvo un sueño durante la meditación; se dio cuenta de lo alto que quería llegar y, desde entonces, no ha parado de trepar.
Esta noche brillan las estrellas más intenso que otras noches -para la bruja, no sabe para los demás-, y ella sabe que tienen propósito el sólo hacerla recordar sus sueños, tan bonitos que desde niña -porque la bruja también fue niña, como todos los demás- quiere alcanzar. 

19 de agosto de 2011

Desde la cascada que quedó empapada.

"Ahora sé que he aprendido a esperar: que algo suceda, que algo se deje pasar. Irremediablemente lo esperado ocurre, no importa cuánto llegue a demorar. Ahora entiendo a qué se refería el roble cuando me hablaba de la posibilidad de vivir maravillosamente si descubría el valor de la paciencia, la prudencia y la capacidad de tolerar. Mis mayores errores los he cometido por desesperada.

A los individuos que más me he lamentado, los he perdido por descontrolada. Experiencias que pude esperar las corté de golpe por impulsiva: porque no quise esperar. 
Ahora sé que debo aprender a hacerlo: no quedarme cual plasta adherida al suelo mientras veo a otros pasar, pero tratar de evitar el anhelo desmesurado por controlar lo que no está en mis manos -para que sí lo esté-; lo que, para curarse, mejorarse y crecer, requiere tiempo y sustantivo de esperanza. Porque llega esa ocasión y no hay remedio que esperar, esperanzada, por lo que pasará."


Del aniversario del niño, que la bruja no deseó.

Estábamos juntos para nada: después de hornearlo, decorarlo y hasta devorarlo, del pastel no quedó nada. Las migajas se las llevó el viento; recogieron el plato, se llevaron los recuerdos. Ni cómo empezar a lamentarse lo que no dejó rastro de haber existido. Ahora estábamos juntos para nada. 

Al parecer, hasta el mejor se te olvida cuando deja de serlo.

18 de agosto de 2011

De lo que el chiquillo se calló (o la bruja se inventó).

-Ésta no es otra de tus putas historias, carajo. Te estoy viendo, te juro que lo hago. Te quiero y aquí estoy, y todo lo que quieras más. No me vas a predecir, aunque quieras. No voy a reaccionar siempre con las mismas maneras. Me tienes que entender cuando te digo que yo soy real. Cuando te digo que te estoy sintiendo.

-No lo hagas. No habrá final feliz.

17 de agosto de 2011

No al niño, sino al anciano.


He querido escribirte; explicarte cómo todo ha cambiado. He querido contarte historias de las que no reirías porque no estuviste ahí para vivirlas cuando yo. He salido y conocido lugares a los que sé (supongo) que te encantaría llegar a visitar. Me he querido imaginar las reacciones, las palabras y la forma de sonreír que expresarías al ver cada detalle que me ha hecho detenerme a suspirar; me cuesta mucho hacerlo, por eso lo hago poco. Pero aún lo hago.

16 de agosto de 2011

Del cazador que parecía halcón.

No tiene sentido (¿por qué lo tendría? Debería de tenerlo. No tiene caso que lo tenga. Que si lo tuviera...). No tiene sentido y que si lo busco o se busca solo, que si lo mandé buscar y acá me siento a esperarlo...  


¿Cómo digo esto? ¿Cómo se lo explico, coronel? Ni el niño -sobre todo el niño, o a lo mejor el niño sí- podría entender. Los animales del bosque han de saber. 
Ya deshice las maletas y puse en el balde lleno de agua -previamente hervida- los harapos, y sigo sintiendo que estoy haciendo la actividad contraria. Que lo que debo hacer es meter tiliches y largarme de vuelta a la selva, el callejón con salida, los salones achocolatados. Pero me tengo que quedar, por lo menos hasta que esté lista para partir. Debo terminar de leer los libros de conjuros, tengo que aprender a aniquilar con menos pereza; a compartir menos amor. Bruja tonta, bruja tonta... "no vamos a empezar, por favor". 


Lo conocí... ¡que si lo conocí! Yo les digo que era un halcón. Yo lo vi y estaba segura, estaba tan segura y estoy cansada de repetir dos veces la misma palabra cada vez que me emociono así. Venía directo, yo supe que era un halcón... quizá fue el efecto del alcohol. Avancé con mis botas hundidas en el pasto mal crecido y deteriorado poquito más por la lluvia que me había goteado por todo el cabello, el vestido y el cuello de coqueta que me cargo; el guiño incitador. Pero no era halcón: era un cazador que había abandonado a sus camaradas por seguir los berridos de una mujer -eso dijo él- que cantaba con gran fuerza "Yo ya no soy la de ayer". El caballero -que era un cazador, aunque yo creí que era un halcón- admitió que desconocía esa canción hasta ahora pero que, a juzgar por los fragmentos que había logrado escuchar, seguramente sería muy exitosa en mis tierras. Gilipollas de mierda, mofándose de mis maneras. Quería enviarlo a que le dieran por el culo, pero no lo hice. No lo hice por la única razón por la que me habría reprimido en casi cualquier otra ocasión: el atractivo cazador -qué guapo, qué majo, qué hermoso que era- hablaba el dialecto que tantos años me había costado aprender, que nadie en el bosque sabía defender. Me habló bonito y me dijo cosas que no recuerdo porque la bebida me dejó ciega horas después. 
La noche que lo conocí me llevó a la playa, que encontró -'encontramos', si se me da el mérito de haber andado con él a pesar de mi estado- fuera de la selva a donde me arrojé a vivir por indeterminado; me llevó y me acostó en la arena, me llenó de besos y me dijo: "No haré nada que tú no quieras, mujer hermosa, princesa linda, muack, muack, buh, buh...", qué horror me da repetir estas cosas en voz alta pero, le acepto un poco de crédito, sólo por ser muy majo, al pinche cazador.


E hice el ridículo, y no les voy a contar por qué. Y se me cayó el gorro de bruja y él sabía pero nada dijo, y se me cayeron las joyas y sonrió y nada dijo; y jugó al que no entendía pero escuchaba atento.. yo me reía y él sonreía mientras me miraba fijo. El cazador es un encanto: es un hombre maduro y responsable que goza de ser aventurero, valiente y capaz. El cazador no le pide nada a la imaginación del niño y es que, para cuando el chiquillo lo imagina, el cazador ya lo consiguió. 


Me creía mujer y nada más, yo digo. Pero no. Me siguió cuando me fui, aunque es cierto que yo se lo pedí. No le rogué que me siguiera, sólo quería experimentar: jugué con la mente de cada mocoso que me encontraba en mi camino pero, de todos ellos, fue el primero el único al que le presté atención después del indeterminado tiempo y es que, según él dice, el cazador de la bruja se enamoró.


Estoy agotada: me tiro a la tierra y les cuento mañana. 

De algunos y otros días que la bruja experimentó.

Algunos días, estar con la bruja es maravilloso: 

Las lágrimas no son si no las hay de alegría, y en esos días abundan sin control. El sol se inmiscuye entre las ramas de los árboles que, cuando no son esos los días, no lo dejan hacerlo ni de favor. Huele a mandarina y luego a zarzamora; a granada y luego a lo que elija cada visitante. Algunos días huele tanto a que alguien está enamorado, huele rico su sudor. Y así, la bruja lo sabe y baila y brinca y les muestra a todos lo grandiosa bailarina que es: un pie arriba, el otro atrás; una zapatilla volando y la otra en el ojo del gato fue a dar. Pero a nadie le duele nada, todo es pura risa y mucho amor. Algunos días, en el bosque de la bruja, se siente como el lugar más hermoso, el que más rico huele; se siente como el que nunca quisieras dejar, como el recuerdo del sitio más acogedor. 
Son esos días, los algunos, que la bruja siente cómo vale ser bruja y se enorgullece de demostrárselo al espectador en curso (que no suele haber muchos, así que gasta todas sus fuerzas en hacerlo de lo mejor). Al final de esos días, que son sólo algunos, la bruja prepara una noche llena de fuegos artificiales, destellos y todo lo multicolor: el bosque se convierte en el lugar más feliz que haya conocido nadie en todo el derredor. 

Más mandarinas, más sabor a nectarinas, plátanos y agua de limón. Muchos dulces con chilito y paletas de cereza con chicle adentro; tantos manjares se muestran en una gran cazuela en el bosque, justo en el centro. 


Indigestión.


Otros días -que no son algunos sino otros-, en el bosque no hay más que un rayo de luz: blanco, blanco, muy blanco, y también es en el centro de donde emana, pero no es por dicha y amor. La bruja está sentada, sola y fría, meditando con los dientes apretados y los ojitos expresando, aunque cerrados, tanto dolor. La bruja ya no trae sus vestidos de colores, llenos de manchas de pintura y ricos manjares -como lo hace algunos días-, sino que usa una manta oscura y muy larga que cubre todo su cuerpo excepto sus manitas, su cuello y su rostro blanco... más bien parece que la bruja está enlutada, que ruega por alguien o algo perdido, que sufre y no puede despertar del sueño; del sopor. 
Cuando son esos -no algunos sino otros- días, nadie debe acercarse a la bruja, hacer ruido o mezclar sustancias sin su autorización. Es entonces cuando los espectadores se asustan, huyen o mueren ahogados en el río pues, dicen que, a falta de atención, buscan la presencia de cualquier ente, ya sea su reflejo, y caen por el silencio y es justo en el chapuzón y el burbujeo que la bruja se despierta pero "ya es bien tarde, ya no lo alcanzamos, ya se nos ahogó". 


"La meditación es importante, deberían entender", se justifica la bruja, pero para la muerte a veces no hay justificación: uno intenta quitarse las cadenas de encima para no admitir que la culpa es vuestra, pero hay una fuerza mayor. Ésta nos lo escupe, desde ése hasta el último día de nuestra vida, nos renueva el evento donde cometimos un grave error: quitar la vida acaba siendo como encajarse un cuchillo en la fuerza con la que lográbamos tener Algunos Días, y le da el espacio a Otros Días para entrar e invadir la mancha de la omisión. 

8 de agosto de 2011

Ni de brujas ni de mujeres: cualquier cosa de individuos.

21:05 Último tren: mejor no arriesgarse. 

El sueño se hizo realidad y, para beneficio de la ironía (por eso de que no hay sensación más satisfactoria que la de sentirse útil) nunca se sintió tan irreal como entonces: es un sueño. Estoy viviendo un sueño y despertar accede a la psicosis del retorno; de la salida que no se acaba de concretar. Estoy volando tan alto, con tanta dicha y tranquilidad... no me quiero bajar. 


¡Melona!

Consejos que adquirió la muje-bruja durante su metamorfosis.

"Sonríe, lo hace más llevadero."

Yo no sabía lo que hacía. Sin embargo, el frío ya no era amargo. El frío era esa sensación de cambio que probablemente (la duda, la eterna duda -será lo único eterno- de lo que no es certero: todo) necesitaba; quería vivir. 
 Brujita, ¿qué cargas en tu maleta?
-¡Bombones! ¡Galletas de jengibre! ¡Pasteles de tres leches con duraznos en el tope!

Pues, claro, mejor duraznos a darse de topes.

Te quiero tanto niño tarado. Niño malcriado; desmotivado. Tú eres de otra vida en la que yo quería vivir. Tú eres esa vida por la que yo hubiera abandonado; intercambiado. Hubiese hecho un trueque para pertenecerle un poquito. ¡Mi vida por un poquito de la tuya! Al final, ya la he desperdiciado de muchas otras maneras. Ahora tu risa suena a recuerdo y sabe a puro eco.

Chiquito, extraño tu risa y tu carita a la cual pue'que y ya no le hago falta. 

De los días en que la bruja se sintió mujer.

No me quiero ir, no lo quiero perder. No quiero soltar las pruebas que muestran que aquí se hizo realidad un sueño; que aquí se vio crecer a una mujer. No me quiero zafar y arrancarme; de veras quiero quedarme. 

27 de julio de 2011

Desbrujización.

De la desaparición de las figuras, la amnesia temporal. De la ausencia de los sonidos, el olvido memorial. De los cuidados deshechos, la falta de atención y el desprendimiento del recuerdo a carne cruda. 
De las novedades, la sorpresa y el trote, el roce táctil al sueño hecho realidad. Me han bastado algunos días lejos para no querer regresar a la sopa de fideos.

19 de junio de 2011

De las propiedades curativas del té de canela, después de mucho beber.

La bruja bebió té, bebió té, bebiote. La bruja bebiote hasta la última gota: no pudo más y depuró.

La bruja burra vomitó porque ya no aguantaba. Sacó cada sustancia, molécula, partícula, elemento, migaja y rata que se había tragado entre sus pócimas para hacerse entender: no tenía caso, el vacío se seguía sintiendo y entonces reflexionó; se sentó en un silla vieja, con sus atuendos excéntricos y suspiró: era el momento de hablarle a todo el bosque, acariciarles sus pelajes, pelambres, pelillos, pelazos y lo que sigue (¿qué sigue? nada sigue, no se sabe, no se sigue; que ya siga). 

¡Festejo, fiesta, pachanga, evento ensordecedor! La bruja ha preparado una celebración para declarar su estado anímico actual: "Quién-sabe-cómo,-pero-mucho-mejor."

12 de junio de 2011

Cosa de modales.

No soy el tipo de mujer que se deshace y cae al fango cuando le dices que no. No soy el tipo de mujer que, si cae, te jala hacia con ella para que tú también lo sufras: no, yo no soy así. Yo recibo, agradezco y avanzo. Yo invito a pasarla bien, a pasarla bonito mientras nos duremos. Sígueme durando, no seas bobo. Tú no eres así.

De cómo la bruja aceptó su sino.

Ay, Bruja, te lo ganaste por andar por ahí: 

La bruja camina por el bosque, camina con una gran botella y brebajes indescriptibles dentro de ella, hic hic, la pancita ya arde y la bruja está por desmayarse. Camina ya sin elegir el camino sino dejándose de llevar, se topa con un árbol y azota y ahí queda. Abre sus ojitos y es de día otra vez, la cabeza va a explotarle por querer sentir la magia y aflojar las angustias, bruja pero qué viniste a hacer: cinco, siete, doce, dos niños juegan a correteadas y no se agotan ni de correr ni de reír. No le ve dolores de cabeza ni angustias a ninguno. Qué bonito, piensa la bruja, y entonces ella se acuerda por qué le gustaba jugar también así. 
Ve al chiquillo, al chamaco, al menso, al morro, al chiquito.... la bruja ve al niño y se le voltea el corazón: y, con el corazón volteado, se le altera toda la respiración, el mar y se incrementa la tensión. El niño no la ve y él juega con otras niñas, niñas de verdad y nada viejas, como él, todo lo contrario de la bruja boquiroja, que la bruja largocabello. Lo ve, lo ve, lo ve y el niño juega casi hasta de más; la bruja quiere salir y plantársele de frente pero no lo hace, no puede, el niño es mal portado pero la bruja no tiene que ir a regañarlo, no puede ir del otro lado. Además, los otros niños se asustarían, y es que ninguno de ellos entendería por qué aquél niño, tan buenisano que aparenta, tendría algo qué ver con la bruja que corrieron del pueblo, ésa de la que hablan, de la que inventan; la bruja que provoca las tormentas. 

Conjuros, brebajes, pociones: qué estúpidas son estas emociones.

La bruja no puede más ver esa imagen, no puede seguir escuchándolo reír: es esa risa la culpable de que el dolor de cabeza se haya ido, pero la bruja sabe que prefiere seguir con el dolor que ser curada por ese niño irresponsable y grosero: niño maleducado, de vuelta con tus padres o tus hermanos. 

Éste es tu sino, éste es sólo un niño.

Camina, pues, tambaleándose la bruja; azota contra El Oso y se le arroja encima: Oso no, Oso no, Oso, no quiero. Por su parte, El Oso la chiquea, le pasa sus garrotas lo más dulce que éste puede y le explica sabiamente: "Niñas con niños, osos con osas. Zorros con zorras, perras con perros. Víboras, sapitos y ratones, todos la misma cosa, todos juntos de a montones." 
-¿Y las brujas?- preguntó la brujita esperanzada, con ojos que brillaban por la humedad, dilatada la pupila y los párpados ya sin más que les pudieran hinchar.
El Oso suspira y se da cuenta de que de nada hubo ayudado todo lo que hubo dicho, pues, lo siguiente no es tan fácil, para una brujita, de digerir: 
-Con ustedes las brujas... no hay tal cosa: Tú, la bruja, te quedas con tu magia; exaltas la de todos cuando llegamos, haces posible lo imposible -por eso nos vamos-. Tú eres bruja y tienes hechizos, tú encantas, tú sola, tú... ¿para qué te miento? Te quedarás al final sola... allá afuera tú no encajas. 

Cómo lo sabías, te hacías boba porque te gustaría ser como ellos: reprimirlo todo lo más dentro, cambiar por carbón el níquel que se esconde ahí en el centro. Vitrales, cristales, espejos, vidrios sucios y viejos. 

Berridos llenos de miedo, suspiros llenos de tristeza, pavor, piernas flacas y maromas. Todas las navidades, los zapatos y sus suelas. En el bosque todos se enteraron pero todos entendían; allá afuera nadie hubiera entendido pero, de cualquier manera, a la bruja nadie la oía. 

Honestamente la bruja siempre supo, sinceramente la bruja nunca lo olvidó: "Los niños con niñas, las brujas solas con su magia que hace posible lo imposible..." punto y aparte, se acabó. 

10 de junio de 2011

Del último día que se vio a la bruja hacer magia.

 Y a la bruja se lo prohibieron: "Por sanidad, bruja tarada. Evita ya los conjuros, los hechizos y las evasivas. No es tu responsabilidad si se le suelta el río, si se desborda su montaña -su mirada- imaginaria o si cae en el suelo -realidad-. No eres madre, no tienes hijos. No es tu niño, ya no es tu amigo." Y le arrebataron la varita, hasta que la bruja aprendiera a no reprimir, sí comprender que no todo es su trabajo, o a todos va a evitar hacer sufrir. La bruja tenía que dejar de atender a los desatendidos, cuidar a los descuidados, amar a los poco amables. La bruja tenía ya que discernir -"una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, bruja", le decían los animales-, tenía que volver a, independientemente, sonreír.

6 de junio de 2011

De la bruja y su anillamiento: todo por no saber coser.

Bruja, ¿qué te sucede? ¿por qué te portas así? ¿Extrañas a alguien, brujita? Cuéntanos. 

"No quiero."

¿Qué sientes, bruja? Dinos ya y te ayudaremos a que las cosas se solucionen. Cuéntanos y verás cómo todo va a mejorar, cómo todo se irá poco a poco, sólo tienes que exprimirte para volver, al cántaro que cargas por dentro, llenar. Ándale brujita, nosotros no te vamos a lastimar.

"No, no quiero."

¿Qué tienes en tus ojos, brujita? ¿Son lágrimas? ¡A quién mandamos matar! Dinos y lo hacemos, lo sabes y no hay problema, bruja, para nosotros es cosa sencilla. Nosotros podemos destruirlo si así lo quieres, sólo pídelo. Pídelo y lo hacemos, brujita.

"No. No quiero, dije."

¿Qué te pasa, bruja? No puedes rechazarnos así, nosotros te complementamos. Aprendiste gracias a nosotros, nuestras capacidades son la razón por la que has sobrevivido y no has caído a la calidez que se vive cuando se siente más de lo esperado. Sé agradecida, bruja, dinos ya qué es lo que pasa.

"No quiero, no quiero, no quiero."

Nosotros ya no la vamos a cuidar, pues, muchachos. Esa mujer sigue siendo bruja, pero se quiere sentir princesa. Les dije que no debíamos dejarla involucrarse, no debimos dejarla enamorarse. Ahora la chiquilla, niñata idiota cree que es una gran mujer y que merece una corona: bruja babosa, no merece comer en todo el mes. Soledad a la bruja que se quiere sentir princesa, que entienda de una vez su estado: ella no es como el resto de muchachas lindas, que se lo meta ya en la cabeza.


Brujita, brujita, ¿qué te pasó? Tenemos que irnos porque ya alguien te adueñó. No está, brujita mensa, no va a pedir perdón: los niños pequeñitos no entienden del amor. Tú ve y recupérate, no salgas de la cascada; abrázate que estás sola ahora, por mensa, por enamorada. 
No pidas, brujita, que el chiquillo vuelva: tú no estás ya para juegos con muñecas, tú te vas pronto a emprender el viaje por la selva. 

Dejar ir es importante, brujita, perdona sin disculpas. No puedes seguir esperando que él regrese y admita la vergüenza, que entienda su parte de la culpa. Tienes que moverte de prisa, te estás deteniendo de más por esperar: canaliza y cose heridas, ya te puse ahí agua e hilo, lo llevé color miel: quizá con ése puedas coser la herida que produce recordar sus ojos en tu piel. 

"No, no, no. Yo no quiero." 

Brujita, es hora de entender. 

2 de junio de 2011

Carta de viajes.

No sé tú, pero lo mío es, probablemente, sólo el hecho de cuánto te extraño; o que no te extraño en lo más mínimo; o que te extraño y me enrabio por estar negándomelo tanto. 


Soy táctil: necesito ver tus ojitos; ver tus pestañas y pasar -así, como me gusta tanto- mi boca sobre de ellos para saber que no son un sueño. Que no son otro fragmento bonito que leí y que me enchinó la piel. 

Necesito que me toques con tus manos para sentir la diferencia entre lo tosco de las tuyas y lo suave de mis caderas; de mis manitas. Lo necesito porque siempre que lo haces, pienso en lo irónico que es que, inversamente, yo soy la de la tosca personalidad y tú el de los movimientos suaves. Necesito de eso para saber por qué quiero tanto. Por qué te quiero tanto. 



Ya sé que no es tu culpa. Tampoco me digas que es mía, ¿sí? No me digas que es cosa de mi locura y mis malos modos. No me digas que es culpa de mi intolerancia; mi impaciencia. No me digas eso porque no es cierto -no del todo-. 

Detesto tu falta de presencia. No soporto que desaparezcas porque ése es mi papel. Porque, si desapareces tú, yo desaparezco también y ya no habrá nadie cuidando el castillo. 



Me gusta cada vez que me recuerdas por qué vale la pena que me quede. Sé que no es tu trabajo y no debería serlo pero, yo qué sé, me gusta que lo sea. Me gusta cuando eres el engrane que embona con la mujer que echa fuego de la cabeza y suda, de tantas que consume, palabras necias. 



[...]No lo eches a perder.

29 de mayo de 2011

Cuando estoy con nadie, me siento como el segundo verso de una copla de soledad. 

28 de mayo de 2011

assdsdasds.

If you want, you can stab me in my bare back. I won't use a shield. I don't care if it hurts, I rather to be hurt than to be fake.

De Filosofía y Literatura.

Si el Bien y el Mal no son más que prejuicios morales, la educación que depende de dogmas o, valga la redundancia, dependencias políticas, no es aceptable. La educación tiene que ser autónoma: no debe reposar sobre instituciones o dogmas, puesto que no hay seriedad. Por lo tanto, no hay que creer en ello, ya que los antónimos de la seriedad remiten a la insensatez, el descuido y la deslealtad.

22 de mayo de 2011

Pero no se lo cuentes a nadie.

Me refugié en Literatura para encontrar al hombre de mis sueños. Me refugié para construirlo y, ¡quién sabe!, quizá fueron tantos sueños los que tuve que explotaron y se hicieron realidad. Quizá y tú eres el hombre de todos los sueños literarios que tanto llegué a buscar, que tanto merecía, que tanto quería encontrar.

Dos días para otoño.

Tuve un sueño extraño. Tú estabas en él. Todo el sueño fue extraño pero, en especial, fue muy rara la manera en que apareciste en él: soñé que estaba haciendo un viaje por el mundo. Viajé por todo Europa y después a fui al norte de América. Dejé Hispanoamérica, Latinoamérica para mis últimos días de viaje pero, por alguna razón, dejé un país de Europa para el último viernes que vivía trotando el mundo. 
Tomé mis cosas -me veo a mí llegando a un aeropuerto en Buenos Aires que no conozco-; mi sombrero grande y mi maleta, mi vestido y, con tacones. Abordé el avión.
Mi vestido es verde esmeralda y los tacones son rojos. Muy rojos. Siempre he querido vestirme así y lo logro entonces. 

Es verano y llego al aeropuerto en Londres. Ahora uso algo más, no sé qué es. Mi atuendo me hace muy feliz. 

Me siento en una banca y te miro mientras algo ves. Estás sonriendo mucho, muchísimo. Que una, que dos, que tres lágrimas. Me dices: "No lo puedo olvidar". Te digo: "Ni que lo estuvieras intentando". Me das un beso en la mejilla y te compro un barquillo de dos bolas. Nos reímos juntos, pero mirando hacia lugares diferentes.

Ahí sentados, de repente, vemos las primeras hojas caer. Ahora yo soy la que no aguanta la emoción. Te tomo con mis dos manitas y tú me dices: Ya va a empezar tu color favorito.

"Pero ésa, es otra historia."

Cuando era chiquita, siempre tuve muchas pesadillas. Soñaba que le hacían daño a mi mamá o que me quitaban algo que quería mucho. Una vez soñé con una señora que salía en un comercial y, cada vez que pasaba, lloraba al verla porque me daba mucho miedo. Yo pensaba: "Tan buena que se ve en el comercial y tan mala que es de verdad." Como si yo la conociera y fingiera ser buena enfrente del resto y fuera mala conmigo. Y, el día después de que soñé con esa señora -que me decía con su mirada que le iba a hacer daño a mi mamá-, mi mamá me quiso llevar a comprar pizzas y me daba mucho miedo que mi mamá saliera. Por eso la acompañaba a todos lados. 
No sé ni a qué edad fue eso, sólo sé que no se me olvida. Creo que desde entonces dejé de ver tele. Si leía un libro, en cambio, tenía sueños maravillosos. Quizá ése es mi problema, ¿no? Que la realidad es algo que no quiero entender ni afrontar. Me siento tan inútil aunque tenga tanto coraje y fuerza que me hacen grandes; me siento tan diminuta y, en cambio, en mis historias, la grandeza no se mide: Todos los sueños inventados, torcidos, realidades coloreadas se conjuntan y se hacen una historia. 
Por eso, no sé si me gustas tanto y me desespera que seas parte del inframundo, del mundo tal feo que pocas veces me ha gustado -y te convertirías, así, en una excepción-; o será acaso que te he estado idealizando porque, otra vez, me gustas tanto pero, siendo honesta, no puedo contigo siendo parte de la realidad. 

... Esa señora me daba mucho miedo.

17 de mayo de 2011

Del caos, la bruja y el niño que desistió a la aruspicina.

Cuando la bruja se dio cuenta, la claridad no fue inmediata. Si había escuchado todas sus historias (¿o es que sólo las había leído?), si le había contado -por fin-, aunque no de manera exacta, parte de su historia y de cómo lo había logrado hasta ahí... pero el niño era sordo. Por eso nunca había entendido. ¡¡Sordo!! Por eso lo había confundido. Pero la bruja ya estaba enamorada, quería hacerlo escuchar: Le dio lágrimas, besitos y bailó para él. Le entregó, en sus propias manos, el libro que decía lo que no debió ser. De haberse visto la cara de la bruja cuando notó que era en vano, la historia del mundo se tendría que volver a leer: una bruja disfrazada de niña (jdsbfnksdn una niña disfrazada de bruja) estaba a punto de hacer los ríos desmoronarse porque no paraba de llover. Pero el niño era sordo. No escuchaba: era sordo.

Crí, crí, crí. La bruja le escribió una carta después de la partida de la invasión, el terremoto, el movimiento brusco, el desastre natural que casi pudo prever.

"Te veo: 
es tan tonto hasta eso; es impermisible. Debería tener el propio comportamiento que se tiene, por ejemplo, cuando un pueblo se recupera después de haberse venido abajo por un ataque de otro pueblo. Tendría que actuar defensiva, rencorosa y hasta vengativa. Tendrían, evidentemente (¡evidentemente, carajo!), que desaparecer las ganas de compartirte... no lo hacen. 
Me he planteado la teoría de que no te veo con un pueblo que atacó, que fue insensible y jugó al villano -que, por cierto, de así serlo, qué desempeño tan decadente, enano-; no, no te veo así. Te veo, sino, como un desastre natural. Y no, no me voy a poner a darte la metáfora perfecta del tipo de desastre natural en el que te podría clasificar: quesque huracán porque me diste vueltas; quesque tsunami porque inundaste mis pensamientos de cuarenta desatinos que me saco de las manos porque se pueden escribir, pero... 

Fuiste un desastre natural. Un desastre al que ahora quiero seguir plantando florecitas, coloreándole las paredes de los edificios que le quedaron; uno al que quiero pero, ¿qué carajos estoy diciendo? Fuiste un desastre natural: en mi mundo -tengo cosas qué hacer: levantar lo caído, limpiar lo empolvado, secar lo empapado, llenar lo vaciado, revivir lo matado...-, ya no te quiero."

Y la bruja empezó por cerrar los ojos, vaciarse toda ella y, a la cascada que estuvo a punto de mostrarle al niño, pero que dichosa-penosa, sabida y qué ordinaria-mente no lo hizo, fue a dormirse, al tiempo que se efectuaba la limpieza necesaria, por tiempo indefinido.

13 de mayo de 2011

Después de la crisis.

Quisiera volver a estar con él. Que apareciera de repente sin nombre e historial que no sea el nuestro. Que olvidemos lo que hicimos o lo que quisiéramos hacer. Que ahí, donde sea, nos hiciéramos. Nos quisiéramos. Que nos tuviéramos y estuviéramos: sin nombres, prejuicios o apellidos. 

Que me abrazara desnudo, sentado en alguna cama y me dijera: "Te voy a querer siempre." Y se quedara y se quedara hasta que yo me quitara cada deseo que me sobra de estar con él.



Quisiera que fuéramos sin ser nosotros, pero sin ser otros. Que volviéramos a ser. Pero no vamos a ser. Porque ya no somos.